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Adrián Escárate

Adrián Escárate
Tener DACA para jugar tenis
Por Fernanda Caso

Adrián, según lo relata su padre en un video que circula en YouTube, tenía talento para jugar tenis nivel profesional. Ese era su sueño.  Sin embargo, para inscribirse en los campeonatos de alto nivel que le hubieran permitido afinar su técnica, era necesario ser residente en algún estado y él no tenía papeles. Tampoco pudo ir nunca a ningún torneo internacional pues salir del país implicaba no poder volver.  A pesar de esta realidad, Adrián nunca soltó la raqueta. Era su pasión y practicó el deporte intensamente sin saber que le abriría otras puertas en la vida. 

Sus padres lo trajeron a él y a su hermano a los Estados Unidos en 1991, cuando acababa de cumplir tres años. Se enteró que era indocumentado 9 años después, a los 12, cuando su abuelo paterno enfermó gravemente y sus padres tuvieron que explicarles por qué no podían viajar para acompañarlo en sus últimos días de vida. 

Al terminar la preparatoria, su alto nivel deportivo le permitió obtener una beca para estudiar en la Universidad del Norte de la Florida. La forma de registrarlo en el sistema fue como “estudiante internacional.” Esto implicaba que, en términos contables, su beca era tres veces más alta que la de cualquier estudiante, a pesar de que había vivido toda su vida en el estado. La situación hubiera sido un dato irrelevante si no fuera porque el coach decidió cortarle la beca un año después, con el argumento de que los recursos que la universidad invertía en él podían ser mejor empleados en otros tres estudiantes residentes. 

Fue entonces que Adrián buscó otras opciones y la Universidad de Saint Thomas le ofreció un espacio. Ahí, Adrián estudió becado la carrera de Comunicación mientras sostenía el primer lugar dentro del equipo y continuaba compitiendo a nivel colegial. Pero después de graduarse, los problemas volvieron. Aunque tenía un título, no podía trabajar en nada relacionado con su carrera. Era 2011 y DACA todavía no entraba en vigor. Vivió los siguientes tres años dando clases de tenis de manera informal, ayudado por entrenadores que lo conocían desde chico en Miami.

Cuando el programa DACA se anunció, tardó más de un año en mandar su aplicación por miedo. Le preocupaba que darle tanta información sobre sí mismo a las autoridades lo hiciera un objetivo demasiado visible para la deportación. En retrospectiva, no duda que aplicar fue la decisión correcta: “DACA me cambió la vida…sin DACA yo ya no estaría en este país, yo realmente ya estaba muy frustrado. DACA me dio un respiro y me permitió saber cómo es el sabor de vivir tranquilo aquí”, relata con alivio.

Una vez con su permiso para trabajar en mano, regresó a la universidad a estudiar y consiguió un trabajo como entrenador en uno de los mejores clubes de tenis en el estado, en el Hotel Biltmore de Coral Gables.  Además, se inscribió para ser hitting partner (un jugador de buen nivel que ayuda a practicar a los profesionales antes de sus partidos). Lo hizo en varias ocasiones en el Miami Open, en el torneo de Cincinnati y en el U.S. Open. En el 2017, ayudó a practicar a Roger Federer para la final del Miami Open contra Rafael Nadal. 

Hoy Adrián es maestro en comunicación y vive en California desde hace un año. Trabaja para una organización civil produciendo contenidos y desarrollando narrativas donde además asesora productores y guionistas de Hollywood sobre la forma en la que mejor se puede representar los migrantes. Sin embargo, no ha dejado de dar clases de tenis de manera esporádica y sueña en el futuro con poder mezclar su carrera con su pasión. 

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