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Maritza Quechol

Maritza Quechol
Tener DACA para emprender
Por Fernanda Caso

Cuando Maritza y su hermana mayor organizaron su fiesta de “quinceañera”, todo salió mal. Las decoraciones, la coreografía, el salón y la música fueron totalmente distintas a lo que ellas y sus padres habían elegido. La experiencia sirvió para que Maritza se diera cuenta de los organizadores de eventos en su ciudad no dimensionaban cuánto significaba este evento para familias como la suya. 

Al poco tiempo, una prima le pidió ayuda y ella se apuntó inmediatamente par ayuarla. Las cosas salieron tan bien que muy pronto conocidos y desconocidos la empezaron a buscar para pedirle que organizara las quinceañeras de sus hijas. 

Maritza había aprendido a bailar de manera autodidacta desde los 7 años de edad. Con un CD de K-Paz de la Sierra de su hermano, empezó a practicar los pasos hasta tener la coreografía de todas las canciones del álbum aprendidas de memoria. Al poco tiempo aprendió a bailar también bachata y cumbia,  y aprovechaba cada evento familiar para practicar sus pasos. Cuando venían las Quinceañeras, además de organizar su evento, ella se encargaba de poner la coreografía de sus bailes. 

Esto no era común en su condado,  Middleton, Wisconsin, donde el 92% de la población es blanca y menos del 3% son hispanos. En casa y entre las amistades de sus padres,  Maritza bailaba y hablaba español pero fuera de ella, vivía la cultura estadounidense como una más.  Llegó a los Estados Unidos con tan solo 1 año y medio de edad y no se acuerda ya de  Cholula, Puebla, el lugar donde nació. Siempre se sintió sorgullosa de sus raíces, pero sabía la importancia de integrarse en el país en el que viven ahora. 

En preparatoria, en cuanto pudo obtener DACA,  tomó su primer trabajo en un restaurante de comida rápida. A la par, estaba involucrada en clubes, deportes y voluntariados que pudieran ayudarla a mejorar su perfil para obtener una beca en la universidad. Los hijos de migrantes indocumentados tienen muy pocas posibilidades de acceder a apoyos financieros y quienes tienen DACA compiten entre ellos por los pocos recursos que están disponibles. 

El primer año de universidad, Maritza no consiguió la beca que buscaba. Esto la obligó a tomar 4 empleos parciales para completar el dinero que necesitaba. El segundo año volvió a aplicar y tuvo más suerte. Gracias a esto pudo dejar de trabajar y enfocarse de tiempo completo en la escuela. Fue entonces que decidió que iba a ser empresaria. Algún día quería tener dinero para apoyar a jóvenes que quisieran estudiar como ella. Optó entonces por cursar la carrera de Negocios y transformar lo que alguna vez fue su hobby en un trabajo formal. 

Hoy Maritza está emprendiendo en la organización de eventos. Aunque los hispanos son pocos en su ciudad, es una población creciente en el estado de Wisconsin y hay una comunidad amplia a 15 minutos de donde ella vive. Cada vez más familias necesitan ayuda para organizar quinceañeras y bodas con servicios de calidad a precios que sean razonables. “Vi a muchos padres sufrir crisis nerviosas por el estrés que implicaba pagar fiestas de este tamaño” relata Maritza. Ella quiere ser una empresaria con sentido social y que su negocio sirva para crear empleos. 
 

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